La afición de su hijo por las gallinas y los pollos fue el punto de partida de Loma Verde. Eduardo y su familia recogieron aquel entusiasmo y lo convirtieron en un proyecto compartido de cría de pulardas y capones en Algodonales.

Su forma de trabajar recupera una crianza pausada, con animales que campean al aire libre y un seguimiento cercano de su alimentación y sus cuidados. Buscan mantener una producción de carácter artesanal y conocer cada fase del proceso, desde la llegada de las aves hasta la preparación y venta del producto.

Además de las aves frescas, elaboran productos como la pularda en escabeche y realizan venta directa y envíos refrigerados.

Para Eduardo, sacar adelante Loma Verde significa también hacer realidad una ilusión familiar y encontrar motivos para compartir más tiempo juntos. El trabajo cotidiano en la finca, rodeados de sierras y de animales, es una parte importante de lo que les anima a continuar.

La Loca Era nació de la amistad entre Concha Becerra y Nieves y de sus ganas de emprender juntas un proyecto ligado a la alimentación y la agroecología. Concha ya había elaborado pan en el campo y quería recuperar ese oficio; ambas compartían el deseo de convertir sus inquietudes en algo cotidiano que pudieran hacer con sus propias manos.

En su panadería de Prado del Rey trabajan con harinas ecológicas y masa madre. Combinan la elaboración tradicional con el uso del frío para organizar los tiempos de trabajo y mantener unos horarios más compatibles con su vida.

El nombre también cuenta algo de ellas. Pensaron en «La Era», recordando el lugar donde se trillaba el cereal. Pero, después de escuchar tantas veces que abrir una panadería era una locura, decidieron incorporar aquella palabra al nombre. Así nació La Loca Era, un proyecto sostenido por la confianza, el trabajo compartido y las ganas de darle una oportunidad a una ilusión.